lunes, 17 de agosto de 2026

The Hateful Eight (2016)


La octava película de Quentin Tarantino es en muchos aspectos lo mejor que el cineasta ha hecho desde Perros de la Calle (1992). Se trata de una película larga (poco más de tres horas de duración), con muchos diálogos que durante la primera parte van dando pistas acerca de las intensiones de los personajes y en la cual el cineasta se toma su tiempo para establecer las reglas del juego que nos llevan como espectadores a un clímax de tensión que se libera en una orgía de violencia y gore hacia el tercio final de la película que hacen de esta una de sus obras más sangrientas, dejando contentos a fanáticos de Kill Bill y Django Unchained.

Es una película que comparte muchos de los elementos más relevantes del resto de la filmografía de Tarantino y que constituyen su sello de autor. En ella se vuelven a revisar algunas de las claves que lo convirtieron en cineasta de culto y que se encuentran presentes en su opera prima, siendo tal vez lo más evidente además de la inclusión de Mr. Blonde y Mr. Orange (Michael Madsen y Tim Roth) la propia estructura del relato que gira en torno a un grupo de personas que forzosamente comparten un espacio físico, que ocultan más de lo que dejan ver y cuyas intensiones se nos van desvelando a través de raccontos que nos sitúan en diferentes puntos de vista de la misma acción.

El sistema Panavision utilizado en The Hateful Eight, se usó profusamente en el cine épico de los 50' y 60'. Aquí un fotograma de Lawrence de Arabia (1962)
Al igual que el resto de su filmografía esta es una película que nos hace mirar hacia el pasado, hacia el cine épico de los 60' y el cine B de la era McCarthy entre otros, haciendo una mezcla y re combinación de muchos elementos de ese cine, desde la presentación del título de la película, la música, actores, fotografía, etc.

Con The Hateful Eight Tarantino hace un homenaje a una época en la industria del cine americano y una vez más, como ya lo hizo antes con Inglorious Basterds (2009) y Django Unchained (2012), rinde homenaje al western, un género forjado a puñetazos por cineastas imposibles de concebir en nuestros días, como Sam Peckinpah, John Ford y Sergio Leone y que culminó su proceso de decadencia en 1980 cuando Michael Cimino cerró las puertas del cielo. No obstante, la genialidad del cineasta radica en no limitarse a volver a hacer una película como se hacía en ese entonces, sino en solo tomar ciertos elementos y utilizarlos para narrar una historia original. Así, vista con más detalle esta película no encaja del todo en el mencionado género.

En efecto, The Hateful Eight puede ser entendida al mismo tiempo como un thriller y uno muy bueno por lo demás. No es casualidad que esta cinta comparta muchos elementos con una película de terror de culto como es el remake que en 1982 hizo John Carpenter de la cinta The Thing, siendo los más evidentes la inclusión en la banda sonora de parte de la música original compuesta por Ennio Morricone para The Thing (una de sus más terroríficas y desconocidas bandas sonoras), la premisa es la misma, la paranoia que se produce al encontrarse un grupo de personas atrapadas en un medio inhóspito y entre los cuales se esconde al menos un asesino (premisa encontrada originalmente en la novela Ten Little Niggers de Agatha Cristie y que ha sido usada exitosamente en el cine en otras cintas de culto como Alien el Octavo Pasajero), el actor que interpreta a John “The Hangman” Ruth es Kurt Russell, el protagonista de The Thing y ambas películas comparten un final muy similar en blanco y negro. A quien haya gozado de esta nueva entrega de Tarantino le recomiendo que vea The Thing.

Pero al mismo tiempo The Hateful Eight nos remite a toda una época de la industria del cine americano, la del cine hecho en Panavision para ser proyectado en salas especialmente diseñadas para este tipo de películas, con pantallas enormes que permitían proyectar una imagen panorámica que daba cabida a esos paisajes gigantescos donde transcurría la acción y donde podían caber estampidas de animales y un sin número de extras. No solo westerns fueron hechos con este sistema, sino también cintas épicas como Ben Hur (1959), Cleopatra (1963) y Lawrence de Arabia (1962), por mencionar algunas.

De este modo Tarantino decidió filmar su octava película en 70 mm (el estandard es 35 mm) habiendo sido necesario adaptar varias salas de cine en EEUU para hacer posible su proyección en Panavision. Lo curioso es que esta es una cinta más bien claustrofóbica donde no hay un despliegue importante de elementos más allá de las ocho personas (nueve si contamos al conductor de la diligencia) que dan lugar al título. Tarantino utiliza esta tecnología de una manera novedosa (aunque no muy económica), aprovechando la limitada profundidad de campo para acrecentar la sensación de encierro.

Cabe señalar que en Chile no es posible disfrutar esta película tal como la concibió Tarantino, ya que la cadena Hoyts decidió no proyectarla en su sala Imax y hace varias décadas que dejó de existir la única sala super cinerama que tuvimos.

Al respecto, recomiendo visitar el video del siguiente enlace, donde David Bordwell explica el contexto histórico en el cual esta tecnología se desarrolló y que permite entender algunas claves de esta época del cine.

Observations on Film Art






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