martes, 25 de agosto de 2026

Twilight Samurai. Una mirada crepuscular desde Japón

Existe una corriente en el cine que ha sido denominada "crepuscular" por el hecho de abordar el tema de la muerte en su mas amplio sentido, es decir, la muerte física o el fin de una época y las consecuencias que esto tiene en el personaje central. Se trata de un tema que habitualmente ha sido abordado por el Western, por lo cual se habla del "western crepuscular" en alusión a cintas en las que el o los personajes protagonistas se ven superados por el paso del tiempo y no encajan en la nueva realidad que les toca vivir. Hay muchísimos ejemplos de este
tipo de cintas, siendo las más destacadas Duelo en la Alta Sierra (Ride the High Country, 1962) y La Pandilla Salvaje (The Wild Bunch, 1969), ambas de Sam Peckinpah, Los Imperdonables (The Unforgiven, 1992) de Clint Eastwood, La Diligencia (Stagecoach, 1939) y Centauros del Desierto (The Searchers, 1956) ambas de John Ford.
El relato crepuscular tiene también notables ejemplos en géneros que se emparentan con el western, siendo uno de ellos el Jidai Geki o cintas de Samurai. Mucho se ha escrito sobre los estrechos vínculos que existen entre estos géneros siendo indiscutible la influencia que las cintas Yojimbo (1961), Sanjuro (1962) y Los siete Samurai (1954), de Akira Kurosawa, tuvieron en los spaghetti western conocidos como la trilogía del dólar, dirigidas por Sergio Leone y protagonizadas por Clint Eastwood. Así también son evidentes las similitudes que existen entre ambos géneros a la hora de representar temas como la venganza, el honor, la valentía y la muerte. (elementos que también comparten con el cine de gangsters)
Ambos géneros tienen lugar en una época donde imperaba la ley del más fuerte y en la que la habilidad con las pistolas o las espadas era sinónimo de respeto y posición social, además de un seguro de vida. Así, los protagonistas de estas cintas son hombres curtidos en el ejercicio de la violencia y que, en el caso del Jidaigeki, obedecen a códigos de conducta y de honor muy rígidos. Por ello este es también un género que se presta muy bien para las narrativas crepusculares.

Samurai del atardecer (Tasogare Seibei,  2002), dirigida por Yoji Yamada a sus 71 años, no está entre las cintas más populares del género, sin embargo, se trata de una de las que mejor representa el carácter crepuscular, porque lo hace de una manera muy diferente a como lo suelen abordar otras cintas similares y por cierto a como lo hizo Clint Eastwood en su premiado último Western. Estas diferencias, más que las similitudes, son las que me interesa explorar.

La cinta transcurre en una provincia del Japón feudal, durante el final del periodo Tokugawa, también conocido como período Edo, que abarcó desde 1603 hasta 1868. Así, la historia que se nos narra tiene lugar en una época de profundos cambios en aquella nación todavía dominada por señores feudales con guerreros a su disposición para imponer su ley. El personaje central es Seibei Iguchi (Hiroyuki Sanada) un Samurai cuarentón, viudo y pobre que trabaja como funcionario de bajo rango en el castillo del señor feudal local. 

Seibei va por la vida a contracorriente de todo, no comparte los intereses de sus compañeros, como ir a las casas de té a pasar un rato después del trabajo y tampoco codicia un puesto de mayor prestigio, lo único que le interesa es pasar tiempo con sus dos pequeñas hijas y dedicarse a la granja que tiene en su modesta casa. El apodo de Tasogare Seibei o señor ocaso, viene de su costumbre de irse rápido a casa en la tarde, cuando finaliza la jornada. 

Este apodo puede entenderse como un juego de palabras, reforzando el carácter crepuscular de la cinta.

Seibei es un personaje que encarna una dualidad que se hace evidente por el hecho de estar viviendo en el final de una era. Por un lado es un Samurai, es decir, un guerrero entrenado para ejercer la violencia, pero al mismo tiempo es un padre cariñoso y sensible. Esto trae consigo un conflicto, el de entregarse al deber y al honor, sirviendo ciega e incondicionalmente a su señor incluso al punto de subordinar su propia vida y la de su familia a este propósito y por otro, renunciar a ello para entregarse al cuidado de su familia, anteponiendo así sus sentimientos personales al deber del Samurai. Estos dos conceptos, que están en permanente lucha, son conocidos en Japón como Giri y Ninjo respectivamente . El primero tradicionalmente considerado como el camino correcto en cintas clásicas del género, como la aclamada Los siete Samurai y el segundo, más bien como una debilidad. Yamada nos ofrece en esta cinta otra mirada, invirtiendo los valores de ambos conceptos. Así, el Ninjo o la compasión y sensibilidad nos las presenta como virtudes, lo que solo es posible en un contexto en el que nos enfrentamos al fin de la era de los Samurái y sus viejos códigos. De aquí el carácter crepuscular de la cinta.

A lo largo del film nos encontramos varios elementos que subrayan esta idea del final de una era. El primero es que el protagonista, a pesar de ser un Samurai que porta orgullosamente sus katanas al cinto, trabaja como un burócrata en el castillo del señor feudal, llevando libros con cuentas de los alimentos almacenados en las bodegas, un trabajo muy alejado del que se esperaría para un guerrero y que de alguna manera anticipa la decadencia del rol del samurai y el advenimiento del burócrata que pasará a jugar un rol central en el nuevo Japón que ya se ve en el horizonte.

Otra escena que refuerza esta idea es aquella en la que un grupo de soldados ensayan disparando unos nuevos rifles que han llegado al castillo, sin mucha pericia. A uno de ellos el rifle le estalla en las manos y los otros ríen. El arma de fuego representa la modernidad y el fin de la era de la espada, el arco y la flecha, dejando en ridículo al Samurai que no sabe utilizarla, otro indicio de su decadencia.

Y un tercer elemento que pone de manifiesto esta idea lo vemos en la secuencia en la que Seibei se ve obligado a retar a duelo a otro Samurai por haber golpeado a Tomoe, compañera de su infancia, de quien está enamorado y que además es hermana de su mejor amigo. Lanzado el reto, este le manifiesta a Seibei su preocupación, no por la posibilidad de que resulte muerto o herido en el encuentro, sino por un eventual castigo que pueda recibir, dado que los duelos han sido recientemente prohibidos, otra señal inequívoca de que los tiempos están cambiando.

De este modo, al igual que en otros films crepusculares, nos encontramos con un personaje central que no encaja en el mundo que le toca vivir, que cuenta con un pasado violento del cual quiere alejarse, pero al que termina volviendo por circunstancias ajenas a su voluntad. Sin embargo aquí, a diferencia de otros relatos crepusculares, el protagonista tiene mucho por lo cual vivir y lo que está muriendo es más bien el mundo que lo rodea.

Hay una escena que ilustra muy bien está idea, en la que la pequeña hija de Seibei comienza a recitar unos versos de Confucio. Este, asombrado, le pregunta desde cuándo está leyendo a Confucio a lo que ella contesta que en el colegio el profesor le ha dicho que “incluso las niñas” deberían leerlo con frecuencia. Ante esto Seibei asiente diciendo que el profesor tiene razón, pero la niña, no del todo convencida, le pregunta si acaso no es mejor para ella limitarse a aprender a coser. Luego de pensar un momento Seibei contesta que el hecho de aprender los textos clásicos le da el poder de pensar y eso le otorga una gran ventaja sobre los demás. Así, Seibei demuestra que es consciente del hecho de que viven en tiempos de grandes cambios incluso en lo que respecta al futuro rol de la mujer.

Un elemento que añade un toque de sensibilidad nostálgica a esta característica crepuscular del film y que refuerza la importancia del Ninjo es el hecho de que, intermitentemente a lo largo del metraje, interviene la voz en off como narradora omnipresente de una mujer, que es una de las pequeñas hijas del protagonista. De este modo, el film se plantea como una retrospectiva hacia el pasado de este personaje femenino.

A lo largo de toda la cinta Seibei se ve empujado contra su voluntad a ejercer violencia. Así, viéndose forzado a retar a duelo al ofensor de Tomoe, un Samurai con fama de violento, para evitar matarlo, nuestro protagonista decide batirse con una espada de madera, lo que es tomado como una ofensa por su contendor. Seibei sale victorioso del encuentro, poniendo en evidencia su pericia en el manejo de la espada corta, una habilidad que adquirió con un antiguo maestro en sus tiempos de aprendiz.

La noticia se corre y es así como más tarde, Seibei es seleccionado por el clan al que pertenece a jugarse la vida en una difícil misión que consiste en liquidar a Zenemon, un viejo Samurai al que se le ha ordenado cometer zepuku o suicidio ritual y que se ha negado a hacerlo atrincherándose en su casa luego de haber matado al primer Samurai enviado a asesinarlo para salvar así el honor del señor feudal.

Se trata de un duelo a muerte con un guerrero muy eficaz con la katana, para el cual Seibei no está preparado tras llevar años como funcionario. Solicita que le den al menos unas semanas para entrenarse, pero se lo niegan, ante lo cual Seibei entiende que bien puede tratarse de su último trabajo. Por ello se prepara sin decir nada a sus hijas y se despide de su amada Tomoe.

Seibei y Zenemon dialogan antes del duelo final

Este duelo a muerte es presentado como la lucha entre dos personajes crepusculares aunque muy distintos entre sí, ya que Zenemon, si bien también se revela ante los viejos códigos Samurai al negarse a cometer suicidio, al contrario de Seibei, es un guerrero entregado por completo a la idea del honor y del valor.

Cuando Seibei le ofrece la oportunidad de huir, evitando así una muerte innecesaria, Zenemon se niega.

El duelo es planteado, de esta manera, como una lucha entre el Giri y el Ninjo, en la que el triunfo de este último, que culmina con la muerte de Zenemon, es una nueva representación del final de la era del Samurai y sus valores tradicionales.

La cinta culmina con Seibei regresando a casa luego de haber triunfado en el duelo. La voz en off nos hace saber que posteriormente se casó con Tomoe y que vivieron tres años de felicidad los cuatro, hasta que en una batalla Seibei resultó muerto por un arma de fuego, último símbolo de la modernidad devorando al antiguo régimen. 

De entre las muchas diferencias que esta cinta tiene con otras cintas crepusculares como la antes comentada The Unforgiven, destaca el hecho de que la paleta cromática y la fotografía empleadas nos presentan una cinta alegre, llena de colores, donde la acción transcurre casi en su totalidad a la luz del día, muy lejos de los dramáticos claroscuros casi expresionistas de la cinta de Eastwood. Esto contrasta con el dramatismo de los actos de violencia y las muertes que suceden a lo largo del film.

Yoji Yamada continúa explorando la idea del conflicto entre Giri y Ninjo en otras dos cintas del mismo género, The Hidden Blade  (Kakushi ken: Oni no tsume) de 2004 y Love and Honor (Bushi no Ichibun) de 2006, también ambientadas en el período Edo.


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