martes, 14 de junio de 2011

Cine e identidad


Maggie Cheung en Hero, de Zhang Yimou, 2002
El cine, una innovación técnica que devino en espectáculo de feria, a poco andar se fue planteando como arte, en cuanto era posible a través de él reflexionar sobre grandes temas, fueran estos políticos, sociales o filosóficos.

Es una de las pocas disciplinas en las que conviven de manera más o menos armónica la dimesión de producto de entretención para las masas, herramienta de propaganda y medio de expresión artística.

Esta complejidad del cine como medio de expresión se ha ido forjando a lo largo de poco más de un siglo en occidente, producto de las grandes depresiones económicas en los EEUU y Europa, las guerras mundiales y el período de entreguerras, la postguerra, la revolución cultural de los 60´s. Producto de dichos grandes procesos sociales son el expresionismo en la Alemania de Weimar, el Neorralismo en la Italia de post guerra, la Nouvelle Vague en Francia, El cinema Nuovo en Brasil, entre otros.

En cualquier texto básico de historia del cine, estos son los temas que se desarrollan, pero poco y nada se habla de cine oriental, entendiendo por tal al cine de Japón, Corea, Hong Kong, Taiwán, China (R.P) y Tailandia. A menudo el análisis de estos cines queda excluido, no obstante tener una rica historia, llena de películas y de directores que equiparan en belleza, calidad y complejidad a los grandes clásicos de Europa y EEUU. Esta exclusión del cine de oriente en los textos occidentales se ha dado durante años por simple desconocimiento, dado el difícil acceso a ese cine, lo que ha ido cambiando en los últimos años gracias a las tecnologías digitales.

En el caso del cine japonés, por ejemplo, este desconocimiento tiene que ver con el hecho de que durante la guerra y posterior ocupación americana, gran parte del cine que se había hecho hasta ese momento simplemente desapareció en las hogueras de los promotores de la occidentalización. En el caso de Taiwán y Hong Kong, el desarrollo del cine fue mucho mas tardío y se limitó en sus inicios a imitar y copiar al cine de Hollywood, razón por la cual, durante décadas simplemente fue ignorado por la academia. El cine de Hong Kong hasta hace pocos años era conocido solo por las películas de Kung Fu protagonizadas por Bruce Lee y no fue sino hasta inicios de los 90 cuando adquirió mayor reconocimiento internacional gracias a directores como John woo (The Killer), Johnie To (Election) y Wong Kar-wai (Con ánimo de amar), quienes lo internacionalizaron.

The Killer, de John Woo, 1984
Algo similar ocurrió con el cine Taiwanés, donde en las últimas décadas algunos nombres se han posicionado internacionalmente como exponentes notables de este cine con identidad propia, siendo los casos más conocidos los de Ang Lee (Comer, Beber y amar) y  Tsai Ming Liang (The River)

Estos cines, al igual que ocurrió en Japón y Corea, tienen todos en común el haber pasado por procesos de innnovación en lo temático y narrativo, a menudo gatillados por cambios sociales y económicos que hacían necesarias dichas innovaciones, en un contexto de búsqueda de una identidad propia por parte de sus pueblos. No es de extrañar que los cines de Hong Kong y Taiwán se hayan desarrollado tanto más que el cine de China (R.P), dado que ambos territorios están en una búsqueda intensa de identidad. Lo mismo ocurrió en Corea del Sur, que ha pasado por dramáticos procesos de ocupación, cambios culturales, guerra civil, etc, reflejando el cine todos los cambios que esos procesos conllevan.

Es el caso del cine de Park Chan-wok (Joint Security Area, Old Boy, Sympathy for Mr. Vengeance), donde el trasfondo de las historias tiene que ver con la esquizofrenia que dicho país vive.

Mejor ni hablar del cine japonés, ya que da para una tesis de doctorado, pero hay ejemplos increíbles de innovaciones en lo narrativo, en los estético, en el discurso y en definitiva en la manera de presentar una determinada historia. El conflicto entre lo moderno y las tradiciones, hermosamente abordado en el cine de Ozu (Historias de Tokyo), por ejemplo, o la cruda violencia y a la vez la belleza presentes en el cine de Takeshi Kitano (Violent Cop, Hana Bi), o las reflexiones en torno al rol de la mujer en la sociedad nipona en el cine de Mikio Naruse (When a woman ascends the stairs), todos y cada uno de ellos dan para un notable estudio.

En el cine de Japón también hubo una nueva ola de jóvenes y atrevidos cineastas, entre los que se cuenta el polémico Nagisa Oshima (Gohatto, El imperio de las pasiones), del cual es posible ver en youtube su documental 100 años de cine japonés.

En suma, no es posible aproximarse a estos cines sin entender la historia de sus naciones ni los procesos de cambio social que las han ido forjando a lo largo del siglo 20, siendo posible ser espectadores, a través del cine, de procesos que en estos momentos están teniendo lugar. En este sentido Corea, China (R.P. continental) y Hong Kong son los más dinámicos.

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