sábado, 16 de abril de 2011

Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas.


Recientemente premiada con la Palma de Oro en Cannes 2010, Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas, el último trabajo del artista visual tailandés Apichatpong Weerasethakul, es una cinta extraña, fuera de todos los cánones del cine al que estamos acostumbrados.


La cinta narra varias historias, cada una ocurriendo en diferentes épocas, sin elipsis ni transiciones, simplemente pasando de una a otra. La historia principal es la de un hombre enfermo terminal de una afección a los riñones, que decide pasar sus últimos días en su propiedad ubicada en la selva de Tailandia. Allí medita en torno a la muerte y los errores cometidos en su vida, en medio de una selva misteriosa e hipnótica que lo envuelve todo. Los fantasmas de su mujer y de su hijo se le aparecen, re estableciéndose de manera natural la  relación que existía con ellos, como si nunca se hubieran ido. Esto nos habla de la cultura de un país donde lo sobrenatural no es tal, sino que es algo absolutamente aceptado como parte de la existencia.

La película es lenta, no hay tensión, no hay un conflicto y por lo tanto puede resultar aburrida para el espectador desprevenido, pero es muy interesante el juego que hace Weerasethakul entre la cadencia de las imágenes y el sonido, sobre todo cuando la familia del hombre enfermo lo acompaña a una cueva en la selva donde decide ir a morir.

No se cómo lo consigue el director, pero logra hacer entrar al espectador en una especie de trance o ensoñación, como cuando filma en un plano general la conversación de Bonmee con su familia en una mesa en la noche, con el sonidos de los grillos de la selva y otros irreconocibles muy nítidos. O cuando el grupo familiar se adentra en la selva para acompañar a Bonmee a su última morada y entran en una cueva que brilla en la noche. No hay diálogos ni música incidental, la cámara se mueve lentamente, y hasta que no se rompe el encanto con la voz de uno de los personajes, no nos damos cuenta que hemos sido transportados dentro de esa cueva, en medio de la selva.

Algo similar ocurre con la también aclamada Tropical Malady (2004), película anterior de Weerasethakul, que también trata sobre la selva como catedral de misterios ancestrales y las cavernas como lugares de redención. Tropical Malady tiene uno de los momentos más hermosos que me ha tocado ver en el último tiempo, cuando el cazador se enfrenta a la bestia en la noche de la selva.

Para mi el cine de Weerasethakul no es la reinvención del séptimo arte como algunos pretenden, pero si creo que es una nueva manera muy interesante de hacer cine y es ciertamente un aporte a un medio actualmente dominado por una industria estridente donde no hay secuencias que duren más de 2 segundos, ni espacio para sentir la experiencia de ir al cine.

Si fuera posible establecer alguna comparación, diría que el trabajo de Weerasethakul va en la linea del cine del mexicano Carlos Reygadas (Japón, Luz Silenciosa) y en alguna medida, aunque menor, hay algunos elementos del cine de David Lynch.

No tengo esperanzas de ver esta película en las salas locales ni en el cable, por eso no tengo mas remedio que recomendar el persa Bio Bio para quienes deseen verla o, para los mas pudientes, amazon.

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