miércoles, 22 de diciembre de 2010

¿Por qué explorar los videoclubs de alcantarilla de Santiago?

Para muchos ciudadanos pulcros y respetuosos de la Ley, puede ser impensable adentrarse en cualquiera de los oscuros pasillos de un edificio de caracol del centro de santiago, pasando por delante de vitrinas que ofrecen las últimas novedades del porno, para ir a buscar una película para el fin de semana.


Esto puede ser loable en cualquier país medianamente desarrollado donde hay un mercado cultural interesante o donde el Estado asume el rol que le corresponde y existe una generosa oferta de cinetecas, las salas ofrecen un abanico más amplio y el público no tiene que verse sometido a la dictadura de Harry Potter, Shrek 4 o la basura de turno.


Pero en Chile la realidad es la que conocemos y por lo tanto, estos antros caóticos constituyen un manantial de las delicias, una alternativa fundamental al Block Busters o al HBO, para quienes hemos caído bajo el hechizo del cine que viene del otro lado del horizonte. Hay que tener valor y paciencia para meterse a bucear en las polvorientas estanterías de alguno de estos locales, pero al final se sale airoso cuando se encuentra alguna joyita del cine oriental o europeo, cosa que suele ocurrir.


Títulos que de otra manera solo sería posible apreciar en algún improbable ciclo de cine arte o recurriendo al download (o al amazon para los más pudientes) es posible encontrarlos a módicos precios aunque no siempre en la mejor calidad.


De esta forma, películas como Madre, The Host y Memories of Murder del coreano Bong Joon-ho, la versión de Kon Ichikawa de los 47 Ronin, o algún animé perdido de Gona Gai, llegan a las manos del que persevera. 


La larga cola de las tecnologías digitales hacen viables estos "emprendimientos" que ponen al alcance de nuestras manos esta ventana mágica que nos permite asomarnos a otro mundo y gracias al cual podemos conocer algo de los miedos y las obsesiones del pueblo japonés, coreano o chino y darnos cuenta con películas como Tae Guk Gi: The Brotherhood of War del coreano Je-gyu Kang, Assembly del chino Xiaogang Feng o la brutal City of Life and Dead de Chuan Lu, que el cine bélico no había terminado con el soldado Ryan ni con The Thin Red Line, o que gracias a Thirst de Park Chan-Wook, aún es posible una mirada fresca al género de vampiros.


Asi que ánimo, el centro de Santiago es más que smog y cafés con piernas.

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