sábado, 11 de diciembre de 2010

DE COREA CON DOLOR. Hay cine coreano más allá de Old Boy.

El cine, a la vez de ser un registro, es un reflejo del devenir político y cultural de los países en los cuales de desarrolla. Voluntaria o involuntariamente el cine y sus cineastas reflejan y presentan al resto del mundo los miedos, las obsesiones y las esperanzas de su pueblo, producto de su historia pasada y actual.

Este es el caso de Corea del Sur y su cine, que ha sido posible conocer en el mundo gracias al reciente y espectacular desarrollo que su industria ha experimentado desde el inicio de la democracia en dicho país en 1987, gracias a un decidido apoyo por parte del Estado. No es extraño entonces que incluso entre el público no especializado, suenen más o menos familiarmente nombres como Park Chan-wook, Kim Ki-duk o Bong Joon-ho, responsables de películas como Old Boy, Hierro 3 y The Host, respectivamente.

El caso del cine Sur Coreano debería ser especialmente interesante para los estudiosos del cine en nuestro país, puesto que Corea presenta varias similitudes con nuestra historia, en cuanto su desarrollo político y económico. Corea es un país dividido no solo territorialmente, sino en muchos sentidos, con un nutrido historial de dictaduras y gobiernos represivos cuya política hacia el cine durante décadas fue la de utilizarlo como herramienta de propaganda y control ideológico, siendo la censura el pan de cada día.

Corea del Sur pasó por un proceso de transición hacia la democracia a raíz de la presión ciudadana e internacional, producto del cual quedaron muchas heridas sin cerrar como la de la matanza de estudiantes en Gwangju en 1980, lo que ha ido configurando la personalidad de cine coreano.

No obstante, desde inicios de la década de los 80’s y hasta mediados de los 90’s el cine de Corea del Sur pasó por un proceso en el que las autoridades dejaron de entenderlo como una herramienta de control y comenzaron a verlo como un elemento decisivo para el desarrollo económico del país, no solo por la cantidad de dinero que un éxito de taquilla puede llegar a generar, sino también por la necesidad de insertar y dar a conocer a Corea en el resto del mundo.

A menudo se dice que la década de los 80’s en Corea fue la década política, con grandes cambios de paradigmas y el advenimiento de una democracia incipiente en sus inicios; los 90’s fueron la década del explosivo desarrollo cultural en sus diversas manifestaciones, cosechando el cine múltiples éxitos en festivales prestigiosos (Cannes y Berlín entre otros); y la segunda mitad de los 90’s y la presente década, la del crecimiento económico, desarrollándose el cine coreano de masas, con grandes éxitos de taquilla y producciones millonarias, producto de una industria consolidada.

Este despegue internacional ha permitido incluso el estreno de cintas coreanas en salas comerciales en Chile, como Old Boy (Park Chan-wook, 2003), Hierro 3 y El Arco (Kim Ki-duk, 2004 y 2005 respectivamente) entre otras.

En particular el cine coreano tiene una característica que lo diferencia de otros cines orientales y es que resulta bastante más familiar y fácil de tragar para un espectador occidental que, digamos, el cine japonés, fundamentalmente debido a que no tiene referentes propios. A diferencia del japonés, el cine coreano se ha desarrollado imitando y adaptando tendencias y estilos provenientes de otros países, (en muchos casos de EEUU).

Shiri (Kang Je-gyu, 1999) es la primera película coreana con proyección internacional y es un producto concebido para la taquilla, con todos los clichés imaginables del género de acción policíaca y de espionaje que cuenta la historia de un grupo de agentes Sur Coreanos infiltrados en Corea del Norte. Dirigida por Kang Je-gyu, también director de la notable Taegukgi, “la hermandad de la guerra” (1994) que narra las desventuras de dos hermanos separados por la guerra de Corea con un impresionante nivel de producción que no tiene nada que envidiar a las más caras producciones bélicas de Hollywood como Rescatando al Soldado Ryan (Spielberg, 1998), con la cual ha sido a menudo comparada.

No obstante, incluso estas grandes producciones cuyo afán es cosechar éxito internacional, tratan tópicos recurrentes relativos a la situación de Corea. De este modo en el cine coreano se habla una y otra vez por ejemplo del encierro cultural, el amordazamiento del pueblo a manos de la autoridad, la corrupción moral presente en la autoridad y la división forzada y artificial de un pueblo.

Joint Security Area (2000), el primer éxito comercial de Park Chan-wook mucho antes de Old Boy, es una trágica historia de amistad en medio de la guerra fría de ambas coreas, cuando casualmente un grupo de soldados de ambos bandos se encuentran en la frontera. La película claramente no adopta una posición frente a la situación política, sino que lo hace respecto de la situación de sus personajes, como una metáfora de la irracionalidad de los poderes imperantes en ambos países. Es una película crítica con ambas visiones de mundo, por ejemplo, a los oficiales del norte que comienzan a consumir las golosinas que les traen sus colegas del Sur, se les llenan los dientes de dolorosas caries.

En el caso de Old Boy, en el cual O Dae-su, el protagonista, es encerrado sin saber porqué durante 15 años en un cuarto de hotel, con la única compañía de un televisor donde su captor le permite ver determinados contenidos, es una clara metáfora del encierro y opresión culturales que padeció Corea del Sur durante décadas y que actualmente padece Corea del Norte.

El cine de Corea es un cine marcado por el dolor incluso en películas con sentido del humor como la notable Memories of Murder (2003), del premiado Bong Joon-ho, donde el notable actor Song Kang-ho interpreta a un inepto detective de un pueblo en Corea del Sur que de pronto se ve impotente ante una seguidilla de asesinatos cometidos por un escurridizo asesino en serie. Con un sentido del humor irónico, es un film que se ambienta en los 80’s, década decisiva y convulsionada para el país, a partir de la cual Corea del Sur comenzó su entrada al mundo, a la economía de mercado y al desarrollo. La llegada de este asesino a la vida del protagonista y al pueblo puede ser vista como la metáfora del fin de una era, puesto que significa el final de los viejos métodos empleados por la policía local y la llegada de métodos científicos, como los que se usan en el mundo desarrollado.

Por lo tanto, a quienes crean que el cine termina hasta donde llegan los últimos alardes técnicos de Hollywood o a los desesperanzados que buscan reencantarse desempolvando clásicos europeos, vale la pena asomarse por este cine distinto y refrescante que más de una sorpresa tiene que ofrecer.

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