Si bien tiene explosiones, balas trazadoras, mutilaciones y en general todo aquello que suele verse en cualquier cinta de guerra desde que Spielberg filmó Saving Private Ryan, esta película de Jang Hong no abusa de eso y tiene su buena cuota de melodrama bastante bien estructurado.
La historia es la de un oficial del ejército del Sur, Kang Eun-pyo, quien es enviado al frente a investigar un posible caso de infiltración enemiga. Allí se encuentra con su amigo Kim Soo-hyeok, a quien daba por muerto. Poco a poco se va dando cuenta de que en el frente las cosas marchan muy diferente a como él creía. La guerra ha llegado a un punto muerto y la firma de un cese al fuego por ambas partes es inminente, pero ambos bandos quieren quedarse con la mayor cantidad de territorio antes de que eso ocurra. Por ello, los respectivos altos mandos demandan de sus tropas esfuerzos sobrehumanos por tomar cualquier colina o pedazo de tierra por insignificante que parezca, situación que ha provocado el desgaste físico y psicológico de los soldados de ambos lados, al punto de no entender porqué están peleando.
Esta película continúa la linea de otras anteriores como The Brotherhood of war (Kang Je-kyu, 2004) y Joint Security Area (Park Chan-wook, 2000), dado de que plantea el sinsentido del conflicto y ni los soldados ni los oficiales del norte son mostrados como zombies obedientes, sino que al contrario, se los muestra como personas que sufren al igual que los soldados del sur y no entienden el sentido de la lucha.


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